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En 1801, Félix de Azara, que fue considerado como “el más sabio de los españoles que llegaron a las colonias de América”, escribió una “Memoria Rural del Río de la Plata”. Allí propuso: “Sería un medio de fomentar
los ganados establecer una Junta o Sociedad que vigilase sobre ellos y se dedicase luego a publicar una Memoria, instruyendo a estas gentes de que los ganados son su único tesoro y de que faltándoles, su país sería el más infeliz del globo”. Ya en 1816, luego de la proclamación de la Independencia, el Director Supremo de las Provincias Unidas, Gervasio A. de Posadas, dispuso la creación de una “Sociedad o Junta de Amigos del País” que debía dedicarse a “tratar de materias de agricultura, cría de ganados y todo lo que tenga relación a éstos”. En una feliz coincidencia, seis años después de la caída de Juan Manuel de Rosas, fue el nieto de aquel director, llamado también Gervasio A. de Posadas, el organizador de la primera exposición agrícola llevada a cabo en Buenos Aires, en la antigua morada de Rosas en Palermo, del 15 de abril al 2 de mayo de 1858 en el entonces Estado de Buenos Ai- res, escindido de la Confederación Argentina
presidida por Urquiza, en quien los unitarios porteños veían el peligro del retorno al federalismo. Entre las autoridades de ese Estado destacaban, además del Gobernador Pastor Obligado, luego sucedido por Valentín Alsina, un recién electo Concejal de 47 años, que también ocupaba el cargo de Jefe del Departamento de Escuelas y posteriormente sería elegido para una banca de senador: Domingo Faustino Sarmiento.

Sarmiento, también expositor en la exposición de 1858, había repartido semillas de eucaliptus entre los hacendados, para sembrar y arbolar la pampa y terminar con la desolación del desierto, en lo que implicaba dejar de lado la cacería de los ganados cimarrones y comenzar a desarrollar la agricultura y una ganadería de cría y engorde, a la manera racional y progresiva con la que se practicaban estas tareas en Europa y Estados Unidos. De hecho, Sarmiento fue también el impulsor del primer antecedente directo de la futura Sociedad Rural Argentina, creado en 1859: la Sociedad Agrícola Rural de Aclimatación, SARA, cuyo acta de fundación fue firmada el 20 de marzo de 1859, y en la que los presidentes de las comisiones calificadoras de los certámenes de la segunda muestra agrícola rural coincidieron “en lo útil y conveniente que sería el que se estableciera en el país una Sociedad Agrícola-Rural en la que tomasen parte todos los amantes de la agricultura, invitándose también a los introductores de animales de razas extranjeras a formar parte de ellas”. Después de nombrar presidente de la SARA a Gervasio Antonio de Posadas y secretarios a Eduardo Olivera y Domingo Faustino Sarmiento, quien también era presidente de la Comisión Calificadora en el ramo de Mineralogía, la entidad envió invitaciones a formar parte de ella a 104 personas, entre las que se destacan algunos de los que formarían parte, 7 años después, del grupo fundacional de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Eduardo Olivera, junto con José Martínez de Hoz, Lorenzo F. Agüero, Ramón Vitón, Francisco B. Madero, Jorge Temperley, Ricardo B. Newton, Leonardo Pereyra, Mariano Casares, Jorge R. Stegman, Luis Amadeo, Claudio F. Stegman y Juan N. Fernández, fueron el núcleo fundador de la Sociedad Rural Argentina el 10 de julio de 1866, un día después del cincuentenario de la Independencia argentina, en una reunión celebrada en la calle Bolívar, en la casa de Benjamín Martínez de Hoz. El primer presidente de la entidad, por el período 1866-68 fue José Martínez de Hoz, seguido en el segundo y tercer período por Eduardo Olivera.


Su programa de estudio y acción planteaba combinar el pastoreo con la labranza, hacer intervenir en cuestiones rurales a hombres de ciencia: ingenieros, químicos o agrónomos, promover el bienestar y moralidad de los hombres de campo y la mejora de sus habitaciones, entre otras iniciativas que marcarían la llegada del progreso al ámbito rural de nuestro país. Otro de los propósitos destacados de la flamante entidad fue “establecer una biblioteca agrícola donde se registren to das las mejores obras, ya sean extranjeras o nacionales, escritas sobre la materia, como todas las publicaciones periódicas más acreditadas, tanto europeas como americanas”. Ricardo B. Newton, uno de esos dirigentes pioneros, había sido el introductor del alambre en nuestro país, con el que cercó sus quintas en Santa María, cerca de Chascomús, en 1844. Más
tarde, el primer cercado a gran escala tuvo lugar en una legua de campo en Cañuelas, propiedad del Cónsul de Prusia, Federico Halbach. Eduardo Olivera, presidente de la entidad entre 1870-72 y en 1872-74, fue uno de los promotores de las primeras exposiciones agrícolas desarrolladas en el país, a partir de su favorable impre sión y experiencias adquiridas en Inglaterra con las Exposiciones de Birmingham y Salisbury, y en la Expo Universal de París de 1855. También fue uno de los más entusiastas participantes de las primeras reuniones y asambleas de creación de la Sociedad Rural Argentina. Tal como el propio Olivera recuerda en su libro “Miscelánea”, se sintió muy impresionado

llegar a uno de los puestos de ventas, en los que se exhibían una palas recién fabricadas, tomó una de ellas y la probó cavando la tierra con naturalidad y sencillez de exper to. Al respecto, Olivera menciona sus conclusiones, que inspirarían la célebre frase “Cultivar el suelo es servir a la patria”, y refiere: “Yo sabía que semejantes gustos e ideas no existían entre nosotros, y que era necesario crearlas por todos los medios posibles, estableciendo escuelas de agricultura y sociedades agrícolas que promovieran el cultivo científico y razonable del suelo y la mejora de nuestros ganados, sacándolos del estado casi salvaje en que estaban entonces. De aquí vino la idea de la fundación de sociedades como la Rural de Agricultura de Inglaterra, cuyas exposiciones presenciaba”.

Cuenta el pionero, en ese mismo libro, que an tes de la SRA había existido una comisión de hacendados pero “sus vistas y tendencias eran mucho más limitadas y diferentes de la nues tra, que comenzaba levantando valientemente la divisa que yo propuse y fue aceptada de Cultivar el suelo es servir a la patria”. Ese lema, acuñado institucionalmente el 16 de agosto de 1866, sería presentado por primera vez en una exposición en 1871, en la Exposición Nacional de Córdoba, impulsada por Sarmiento y presidida por el mismo Olivera. Otro aporte importante fue el del nombre de la entidad, que ante la previa moción de Sociedad de Agricultura sugerido por Olivera, se propuso que fuera modificado por el de Sociedad Rural, ya que, se entendía, “la palabra rural era de orden más genérico que el de agricultura, que, según la mayoría no sinificaba más que el cultivo de la tierra”, procurando así que desde el nombre mismo la institución pudiera convocar a los ganaderos del país. Olivera y la SRA volverían a promover el progreso agrícola en varias exposiciones, como la del 11 al 18 de abril de 1875 en Florida y Paraguay, la celebrada en 1876 en el mismo recinto, un terreno de 2.500 m² propiedad de Leonardo Pereyra, y la inaugurada el 22 de septiembre de 1878, en la mudanza al actual predio de Palermo. Respecto del actual recinto ferial y el predio en el que se encuentra, el 20 de julio de 1875, Domingo Faustino Sarmiento, que había dejado la presidencia de la Nación el año anterior y se desempeñaba al frente de la Comisión del Parque Tres de Febrero, mediante una nota dirigida al entonces presidente de la Sociedad Rural Argentina, José María Jurado, otorgó un terreno “para celebrar en él, la sociedad que usted preside, exposiciones y ferias anuales”. El 4 de noviembre de ese mismo año, Jurado y
Sarmiento formalizaron el traspaso del lugar en un contrato que expresaba, en su cláusula ter cera: “Las exposiciones que han de celebrarse vienen a hacer un verdadero servicio al país y a contribuir al embellecimiento del local”.
Estas primeras manifestaciones feriales de la SRA confluyeron, en 1910, en ocasión del Centenario de la Revolución de Mayo, en la imponente Exposición Internacional de Agricultura y Ganadería de 1910, un hito histórico que la entidad revalida en ocasión del Bicentenario, 100 años después.

(*) Este texto es un extracto exclusivo para el Catálogo de la Exposición Rural del Bicentenario 2010 del libro de Juan Carlos Grassi “Una historia del progreso argentino (Crónicas ilustradas de las exposiciones y congresos en los siglos XIX y XX)” editado por la Editorial Ferias & Congresos S.A., de próxima publicación


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